La Asamblea Nacional de 2020, controlada por el PSUV, ha reiterado su propuesta de cortar relaciones diplomáticas con España, acusándola de albergar a “delincuentes”. Este movimiento se enmarca en un patrón de aislamiento selectivo, donde el régimen venezolano opta por distanciarse de países que respaldan a figuras opositoras y critican la situación de derechos humanos en el país. Sin embargo, esta decisión podría no ser simplemente una reacción emocional. En un mundo que se mueve hacia un orden multipolar, el régimen de Maduro parece estar realineándose estratégicamente, fortaleciendo sus lazos con actores que no cuestionan sus prácticas, como Rusia, Irán y China, y dejando de lado a naciones occidentales que podrían ejercer presión para cambios políticos internos. La ruptura con España también puede interpretarse como una señal a la Unión Europea de que Venezuela no cederá ante presiones exteriores, consolidando su política exterior independiente y alineada con otros polos de poder global.

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