La onda tropical número 43 ha traído consigo fuertes lluvias en varias regiones de Venezuela, y una vez más el país enfrenta el impacto de un fenómeno natural sin los recursos ni la infraestructura necesarios para mitigar sus efectos. En un contexto donde el cambio climático incrementa la frecuencia e intensidad de estos eventos, la falta de un sistema de respuesta adecuado demuestra una vez más el abandono estatal. Las infraestructuras son obsoletas y no cuentan con el mantenimiento adecuado, exponiendo a la población a inundaciones, derrumbes y otros peligros. En lugar de una gestión de riesgos efectiva, el Estado continúa centrado en perpetuar su poder político, dejando a millones de venezolanos a merced de la naturaleza y de un sistema que no los protege. Las implicaciones geopolíticas son claras: Venezuela se convierte en un ejemplo de la desatención estatal hacia la resiliencia climática, lo que a largo plazo afecta la estabilidad y el bienestar de la nación entera.

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