Los familiares de reclusos en el penal de Tocuyito han denunciado condiciones de vida inhumanas, con personas forzadas a alimentarse de gusanos debido a la falta de comida y sanidad. Esta situación refleja una realidad alarmante en el sistema penitenciario venezolano, donde el Estado no solo muestra desinterés por los derechos humanos de los prisioneros, sino que también evidencia una crisis en la gestión de las instituciones penitenciarias. Esta negligencia es sintomática de un régimen que ha perdido toda pretensión de respetar los derechos fundamentales de sus ciudadanos. A nivel geopolítico, esto expone al país a ser criticado en organismos internacionales, pero la falta de acciones concretas por parte de la comunidad internacional deja a estos prisioneros atrapados en un sistema que los ve como meras estadísticas. La tragedia en Tocuyito es un reflejo de la descomposición social que el régimen parece no tener interés en revertir.

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