Los recientes ataques de Israel sobre Líbano y la posterior eliminación de los líderes de las resistencias armadas, como Hezbolá, han generado una cadena de acontecimientos que ha elevado la tensión en el Oriente Medio a niveles no vistos desde las últimas décadas. Estos actos de agresión, lejos de estar aislados, forman parte de un complejo entramado geopolítico que involucra directamente a las grandes potencias mundiales, con Estados Unidos respaldando incondicionalmente a Israel, mientras que Rusia y China se perfilan como actores clave en el respaldo a Irán y otros grupos de resistencia en la región. En este artículo, examinaremos las causas y consecuencias de esta escalada, así como el potencial de que este conflicto se desborde hacia un enfrentamiento global.
Contexto histórico de las tensiones Israel-Líbano
Desde el nacimiento del Estado de Israel en 1948, el conflicto entre este y sus vecinos árabes ha sido una constante en el escenario político de Oriente Medio. Sin embargo, uno de los episodios más prolongados ha sido la tensión entre Israel y Líbano, particularmente con la organización Hezbolá, que cuenta con el apoyo militar y financiero de Irán. Hezbolá ha sido catalogada por Israel y muchos países occidentales como una organización terrorista, mientras que en el mundo árabe y en muchos sectores de la opinión pública internacional es vista como un grupo de resistencia legítima que defiende la soberanía del Líbano frente a las agresiones israelíes.
El conflicto alcanzó su punto álgido en 2006, cuando Israel lanzó una ofensiva militar en Líbano en respuesta a los ataques de Hezbolá en la frontera. Desde entonces, la tensión ha sido cíclica, con intercambios periódicos de ataques entre ambas partes. En este contexto, la reciente incursión de Israel en territorio libanés y el asesinato selectivo de varios líderes de la resistencia armada no es un hecho aislado, sino una continuación de una política de contención agresiva por parte de Tel Aviv, que busca desarticular a Hezbolá y limitar la influencia iraní en la región.
Ataques israelíes sobre Líbano y las eliminaciones de líderes de la resistencia
A lo largo de 2023 y 2024, Israel intensificó sus ataques aéreos sobre el sur de Líbano, una región que históricamente ha sido un bastión de Hezbolá. Estos ataques han sido justificados por Israel como respuestas a ataques fronterizos y amenazas de seguridad, pero, como en muchas otras ocasiones, estos movimientos parecen tener motivaciones políticas y estratégicas de mayor envergadura.
En el transcurso de estos ataques, la eliminación de figuras clave de la resistencia libanesa ha sido un golpe devastador para Hezbolá. Líderes como Imad Mughniyeh (anteriormente asesinado en 2008 en un ataque atribuido a Israel) y varios comandantes de alto rango, que desempeñaban un rol fundamental en la estructura organizativa y militar de Hezbolá, fueron blanco de asesinatos selectivos. Estos ataques no solo afectan el liderazgo de la resistencia, sino que también buscan desestabilizar su moral y capacidad de respuesta.
Sin embargo, como era previsible, este tipo de ofensivas no quedan sin respuesta. La naturaleza descentralizada de Hezbolá y su profundo arraigo en la sociedad libanesa le han permitido reorganizarse rápidamente. Y, como suele suceder en Oriente Medio, la agresión hacia uno de los miembros de este eje de resistencia no queda limitada al actor directamente atacado, sino que involucra a otros actores aliados. En este caso, Irán, que considera a Hezbolá como una extensión clave de su influencia en la región, se vio obligado a responder.
La respuesta misilística de Irán sobre Tel Aviv
En este contexto de hostilidad creciente, la respuesta de Irán no se hizo esperar. En una acción sin precedentes desde la Guerra del Golfo, Irán lanzó una serie de misiles balísticos dirigidos hacia Tel Aviv, la capital económica y uno de los centros neurálgicos de Israel. Estos ataques fueron justificados como represalia directa a la agresión israelí contra sus aliados en Líbano y una clara señal de que Teherán no permitirá que las acciones de Tel Aviv queden impunes.
El ataque sobre Tel Aviv fue un golpe directo no solo a la infraestructura militar israelí, sino también a su capacidad de proyectar poder en la región. Aunque Israel cuenta con sistemas antimisiles avanzados como la Cúpula de Hierro y el sistema Arrow, la saturación del ataque mostró las vulnerabilidades de estos escudos, y puso de manifiesto el alcance y precisión de los misiles iraníes.
Este evento también reveló el creciente poderío militar de Irán y su capacidad para influir en los equilibrios de poder en Oriente Medio. Desde el asesinato del general Qasem Soleimani en 2020, la estrategia militar de Irán ha pasado de una postura principalmente defensiva a una política más proactiva de disuasión mediante el uso de fuerza directa. Los ataques sobre Tel Aviv pueden interpretarse como parte de este nuevo paradigma iraní, que busca reforzar su posición no solo en la región, sino también en el escenario global.
Implicaciones geopolíticas y el riesgo de una guerra global
La escalada de violencia entre Israel, Líbano e Irán ha planteado serias preocupaciones sobre el posible involucramiento de otras potencias globales, especialmente Estados Unidos y Rusia, en este conflicto. Por un lado, Israel es el principal aliado de Estados Unidos en la región, y Washington ha demostrado en reiteradas ocasiones su disposición a intervenir militarmente en defensa de los intereses israelíes. Por otro lado, Irán es un socio estratégico de Rusia en el marco de la alianza geopolítica que busca desafiar la hegemonía occidental, particularmente a través de su participación en el bloque BRICS.
Estados Unidos e Israel
Estados Unidos ha mantenido una política de apoyo incondicional a Israel, ya sea bajo administraciones demócratas o republicanas. En este caso, una intervención de mayor envergadura de Israel en Líbano o una guerra directa con Irán podría llevar a Washington a involucrarse directamente en el conflicto, ya sea con el envío de tropas o mediante apoyo logístico y armamentístico. El riesgo de esto es que una intervención estadounidense también provocaría una respuesta de Irán, posiblemente en otros frentes, como el estrecho de Ormuz, lo que afectaría el suministro global de petróleo y, por ende, la economía mundial.
Rusia e Irán
Rusia, por su parte, ha mantenido una alianza estratégica con Irán, particularmente desde su intervención conjunta en la guerra civil siria, donde ambos países jugaron un papel clave en la preservación del régimen de Bashar al-Ásad. Esta cooperación ha forjado una relación sólida que trasciende lo meramente militar, y es evidente que una escalada de hostilidades entre Israel e Irán obligaría a Moscú a tomar una postura más activa.
El Kremlin ha sido muy claro en su rechazo a cualquier ataque preventivo o unilateral que pueda desestabilizar aún más la región. Si bien hasta ahora Rusia ha mantenido una política de apoyo diplomático y militar moderado hacia Irán, una intervención directa de Estados Unidos podría forzar a Moscú a tomar una posición más agresiva, en línea con sus intereses de contrarrestar la influencia occidental en la región.
Perspectivas de una guerra global
El potencial de que este conflicto regional se convierta en una guerra de escala global no es una hipótesis descabellada. La creciente polarización del orden mundial, con la consolidación de un bloque euroasiático (liderado por Rusia, China e Irán) que se opone a la hegemonía occidental, genera un escenario propicio para que los conflictos regionales, como el de Oriente Medio, sirvan como detonantes de enfrentamientos más amplios.
Irán y Rusia no permitirán que Israel y Estados Unidos sigan actuando unilateralmente en la región sin consecuencias. El desarrollo de la guerra en Ucrania, que ha tensado las relaciones entre Rusia y Occidente, y el creciente poder militar de China, otro aliado cercano de Irán, suman más variables a una ecuación geopolítica que podría desembocar en una conflagración de magnitudes impredecibles.
Conclusiones
Los ataques de Israel sobre Líbano y la eliminación de líderes de las resistencias armadas no solo han desatado una respuesta inmediata por parte de Irán, sino que han elevado la tensión a niveles peligrosos, acercando a la región de Oriente Medio al borde de un conflicto de gran escala. La posibilidad de una guerra global, con Estados Unidos respaldando a Israel y Rusia apoyando a Irán, es real y cada vez más palpable. Ante esta situación, el mundo se enfrenta a la urgencia de encontrar mecanismos diplomáticos que detengan la escalada antes de que se convierta en una catástrofe de proporciones globales.

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