En la reciente intervención del Papa Francisco en el Vaticano, durante una conmemoración de los diez años del primer Encuentro Mundial de Movimientos Populares, su mensaje no dejó lugar a dudas: las políticas del presidente argentino, Javier Milei, son una amenaza no solo para los más vulnerables, sino para la misma esencia de la justicia social. Esta afirmación no es ligera, y el contexto en el que se produce tiene raíces profundas tanto en la ideología malthusiana que el Papa critica, como en el choque de visiones entre un liderazgo ultraliberal y la doctrina social de la Iglesia católica.

El “malthusianismo” en las políticas de Milei

Francisco no ha utilizado el término “malthusiano” de manera accidental. Esta corriente de pensamiento, que toma su nombre de Thomas Malthus, se basa en la idea de que el crecimiento poblacional desmedido debe ser controlado, pues de lo contrario la humanidad enfrentaría hambrunas y pobreza masiva. Aunque las ideas de Malthus fueron formuladas hace más de dos siglos, han encontrado renovada relevancia en las políticas neoliberales que buscan justificar recortes en el gasto social y limitar el apoyo estatal a los sectores más desfavorecidos. Es en este marco donde las reformas de Milei entran en juego: la reducción drástica de las pensiones, junto con una violencia represiva ante las protestas sociales, representa para el Papa la manifestación moderna de este pensamiento que antepone la eficiencia económica al bienestar humano.

En un país como Argentina, donde la pobreza ha crecido dramáticamente en las últimas décadas y donde los sectores más afectados son precisamente los adultos mayores y los trabajadores informales, este tipo de políticas no solo profundizan la desigualdad, sino que además eliminan cualquier red de protección social. Milei, siguiendo una línea ultraliberal que ha captado la atención de sectores del capital global, ha priorizado el ajuste fiscal a través de medidas que implican un sacrificio desproporcionado de las clases bajas, en contraste con su retórica de “liberación económica”. En este sentido, sus políticas son vistas como un claro intento de reducir el peso del Estado, sin importar las consecuencias humanitarias que esto pueda tener.

El Papa y su crítica a la deshumanización

Lo que agrava este conflicto es la visión del Papa Francisco, quien ha defendido consistentemente la necesidad de una economía al servicio de las personas, no al revés. En su discurso, hace referencia a las imágenes de la brutal represión de una manifestación de jubilados en Buenos Aires, quienes exigían derechos básicos mientras eran reprimidos con gas pimienta. Francisco, conocido por su compromiso con los pobres y los marginados, observó que este tipo de medidas no solo son una falla política, sino una muestra de una profunda «deshumanización» en la gestión de lo público.

El Papa no es ajeno a la realidad argentina; su experiencia como arzobispo de Buenos Aires lo ha familiarizado con las tensiones sociales y políticas que atraviesan el país. Y aquí es donde la crítica se vuelve más aguda: en lugar de un Estado que cuide a sus ciudadanos, lo que Milei parece promover, según Francisco, es un sistema en el que los más débiles son abandonados a su suerte. Esto, desde la perspectiva del Vaticano, es un atentado contra la dignidad humana, un punto que ha sido recurrente en la doctrina social de la Iglesia católica desde la encíclica Rerum Novarum (1891) hasta los escritos más recientes del Papa.

El trasfondo ideológico: Milei y su visión del mundo

Es importante entender que las acciones de Milei no son solo decisiones aisladas de política económica. Están profundamente enraizadas en una cosmovisión ultraliberal que ve al individuo como el único responsable de su destino económico, mientras el Estado se retira de su función redistributiva y de protección social. Este enfoque ha sido aplaudido por sectores del capital global y de la derecha internacional, quienes ven en Milei una figura que encarna el rechazo a las políticas “estatistas” y a las economías que consideran fallidas por su intervencionismo. Sin embargo, desde una perspectiva más amplia, su agenda neoliberal es vista como una reencarnación de la doctrina económica impulsada por el consenso de Washington, que fracasó en estabilizar las economías latinoamericanas en décadas pasadas y profundizó la miseria en varias naciones.

En este contexto, el respaldo que Milei ha recibido de figuras internacionales, como los sectores más radicales de la política estadounidense o los defensores de la austeridad en Europa, se presenta como una señal clara de que su gobierno sigue una línea alineada con las fuerzas globalistas que ven en América Latina un campo para la experimentación de políticas extremas. Y esto, a su vez, representa un desafío directo al Papa Francisco, quien ha defendido insistentemente la soberanía de las naciones frente a los dictados de los mercados globales.

El conflicto entre dos visiones de Argentina

Este choque entre el Papa Francisco y Javier Milei puede leerse también como una representación simbólica de las luchas más profundas en Argentina, donde se enfrentan dos modelos antagónicos de sociedad. Por un lado, está la visión neoliberal de Milei, que promueve una economía de libre mercado a ultranza, basada en la competencia individual, la reducción del Estado y una estructura de clases rígida. Por otro, está la visión social cristiana del Papa, que aboga por un sistema económico más justo, inclusivo y que respete la dignidad de todos los ciudadanos, en especial de los más vulnerables.

La crítica de Francisco a Milei no es solo una cuestión de política pública, sino un rechazo frontal a una visión del mundo que prioriza el capital sobre la humanidad. Este debate no es nuevo en la región, pero adquiere relevancia en un momento en que América Latina vuelve a ser campo de batalla de diferentes modelos económicos y sociales. Mientras que algunas naciones buscan un camino hacia la integración regional y el desarrollo inclusivo, otras parecen optar por regresar a un pasado marcado por la desigualdad y la dependencia.

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