La reciente noticia publicada por LaRouchePub sobre la preparación militar del Comando Sur de Estados Unidos para intervenciones en Sudamérica ha despertado serias preocupaciones sobre la estabilidad de la región y la soberanía de los países latinoamericanos. Este artículo destaca que Washington, mediante su brazo militar en el hemisferio sur, está incrementando su presencia bajo el pretexto de combatir el narcotráfico y el terrorismo, pero en realidad, busca mantener su control hegemónico sobre las naciones de América Latina.

En este análisis, debemos considerar el trasfondo histórico y geopolítico de la injerencia estadounidense en la región, que data de la Doctrina Monroe, pasando por la Operación Cóndor, hasta llegar a los recientes intentos de intervención en Venezuela y Bolivia. El Comando Sur, que opera desde bases estratégicas en países como Colombia y Perú, ha sido un pilar central en la política exterior de Washington, utilizando el discurso de la «seguridad hemisférica» para justificar operaciones encubiertas y abiertas en la región.

Las verdaderas intenciones del Comando Sur

El despliegue de fuerzas estadounidenses bajo el mando del Comando Sur en América Latina no es un fenómeno nuevo, pero el contexto actual lo hace aún más preocupante. Los países latinoamericanos, especialmente aquellos con gobiernos de izquierda o que buscan establecer políticas autónomas (como Venezuela, Bolivia y Nicaragua), son vistos como amenazas a los intereses hegemónicos de Estados Unidos. La reciente militarización y los ejercicios conjuntos con aliados como Brasil, Perú y Colombia están diseñados para presionar a estos gobiernos, desestabilizarlos y, si es necesario, forzar un cambio de régimen favorable a los intereses estadounidenses.

En los últimos años, hemos sido testigos de cómo Washington ha utilizado su aparato militar y de inteligencia para intervenir en los procesos políticos de la región. Desde el fallido golpe en Venezuela hasta el apoyo indirecto a las protestas violentas en Bolivia en 2019, el objetivo ha sido claro: evitar que cualquier gobierno de la región se alinee con otros polos de poder, como China o Rusia, que amenacen la hegemonía estadounidense en su «patio trasero».

El pretexto del narcotráfico y el terrorismo

El Comando Sur, históricamente, ha utilizado el narcotráfico y el terrorismo como las principales excusas para justificar su intervención en la región. Sin embargo, esta narrativa ha sido fuertemente cuestionada por analistas y líderes políticos que argumentan que la verdadera motivación de Washington es el control de los recursos naturales y estratégicos de América Latina. Los enormes yacimientos de litio en Bolivia, las vastas reservas de petróleo en Venezuela y el control de rutas comerciales clave hacen de la región un objetivo prioritario para la política imperial de Estados Unidos.

En este sentido, el despliegue militar no está diseñado simplemente para combatir al narcotráfico, sino para asegurar que ningún gobierno de la región desafíe la influencia de Estados Unidos o adopte políticas que favorezcan a otros actores globales. Por ejemplo, la creciente relación de Brasil con los BRICS y su apertura a la inversión china ha sido vista con preocupación en Washington, que teme perder su influencia sobre una de las economías más grandes del continente.

La militarización del hemisferio y su impacto en la soberanía

El incremento de la presencia militar estadounidense en la región, a través de ejercicios militares, bases temporales y la venta de armas a países aliados, plantea serias dudas sobre la soberanía de las naciones latinoamericanas. Estos movimientos no solo erosionan la independencia política de los países, sino que también aumentan la tensión entre las potencias regionales y extranjeras. El Comando Sur, con su doctrina intervencionista, representa una amenaza directa a los esfuerzos de integración regional, como la CELAC y la UNASUR, que promueven una visión multipolar del mundo, lejos de la influencia exclusiva de Washington.

La región enfrenta un dilema geopolítico: por un lado, muchos gobiernos quieren mantener relaciones pragmáticas con Estados Unidos, mientras que otros buscan construir alianzas estratégicas con China, Rusia y los países del BRICS. Este reequilibrio de poder está siendo percibido por Estados Unidos como un desafío directo a su control sobre el continente, lo que explica el refuerzo militar y la política de presión constante.

América Latina en la encrucijada

La injerencia del Comando Sur de Estados Unidos es un recordatorio de que la región sigue siendo un escenario clave en la disputa por la hegemonía global. Sin embargo, América Latina no es la misma que en el siglo XX. A medida que los países buscan una mayor autonomía y colaboración con nuevos actores internacionales, la presión de Washington podría generar una respuesta regional coordinada para resistir la militarización y las amenazas de intervención.

La clave para el futuro de la región reside en la capacidad de sus gobiernos para resistir las presiones externas y establecer una política soberana y multilateral que priorice los intereses de sus pueblos por encima de los designios de potencias extranjeras. Las recientes sanciones impuestas por Estados Unidos a naciones como Venezuela y Nicaragua, así como la creciente intervención militar bajo el Comando Sur, no hacen más que reforzar la necesidad de que América Latina trace su propio camino, lejos de las injerencias extranjeras.


Referencias:

  • LaRouchePub: El Comando Sur de EE.UU. se prepara para la guerra en Sudamérica.
  • Rebelión: El papel de EE.UU. en la militarización de América Latina.
  • Telesur: Injerencia de EE.UU. en Venezuela: Contexto y Consecuencias.
  • Global Research: La doctrina de la seguridad hemisférica y su impacto en América Latina.

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