En el último mes, Erik Prince, el controvertido fundador de la empresa militar privada BlackWater (ahora Academi), ha vuelto a ser noticia al anunciar que intervendrá militarmente en Venezuela el próximo 16 de septiembre de 2024. Este anuncio ha provocado una oleada de reacciones tanto dentro como fuera de Venezuela, exacerbando la tensión en un país ya inmerso en una profunda crisis política, económica y social. Sin embargo, esta no es la primera vez que Prince ha amenazado con una intervención directa en Venezuela. A lo largo de los años, ha hecho varios intentos para desplegar fuerzas mercenarias con el fin de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro, en una clara alineación con los intereses de sectores de la oposición más extremista.
Este artículo explorará las motivaciones de Prince para intervenir en Venezuela, detallará las ocasiones anteriores en las que ha amenazado al gobierno venezolano y analizará sus conexiones con figuras clave de la oposición radical. Al mismo tiempo, ofreceremos un análisis de los intereses geopolíticos y económicos que impulsan sus acciones, basándonos en fuentes confiables y verificadas que sustentan la información.
La génesis de la fijación de Erik Prince con Venezuela
Erik Prince no es un actor nuevo en la geopolítica internacional, ni es desconocido en América Latina. Su empresa, BlackWater, ha sido un brazo clave de las operaciones militares estadounidenses en diversas partes del mundo, desde Irak hasta Afganistán. Sin embargo, su interés en Venezuela no es meramente geopolítico, sino profundamente económico. Venezuela, un país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, ha sido durante mucho tiempo un objetivo de la política exterior de Estados Unidos, que ve en su vasto sector energético una oportunidad estratégica para controlar los recursos globales y evitar que caigan en manos de competidores como China o Rusia.

Desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, y con la consolidación del modelo chavista bajo Nicolás Maduro, Venezuela se ha convertido en un bastión de resistencia a los intereses hegemónicos de Washington en América Latina. En este contexto, Prince ha tratado de posicionarse como un actor clave en los esfuerzos por derrocar al gobierno bolivariano. Su propuesta no es solo militar, sino también económica: Prince ha hecho insinuaciones de que, tras una posible caída del gobierno de Maduro, su empresa estaría interesada en acceder a concesiones petroleras y otros activos clave del país. Este enfoque mercenario, donde la guerra y la intervención están impulsadas por intereses financieros privados, es característico del modelo de negocio de Prince.

Primer intento de intervención: El plan de 2019
La primera gran amenaza pública de Erik Prince contra el gobierno de Nicolás Maduro ocurrió en 2019, en medio de la crisis política más profunda que enfrentaba el país desde los inicios de la Revolución Bolivariana. En ese momento, Juan Guaidó, líder opositor y presidente de la Asamblea Nacional, se autoproclamó presidente interino de Venezuela con el respaldo inmediato de Estados Unidos y varios países de Europa y América Latina. Este acto desató una confrontación abierta entre el gobierno bolivariano y los sectores más radicales de la oposición, lo que llevó a una serie de intentos fallidos de desestabilización.
En medio de esta crisis, el Financial Times reveló que Erik Prince había propuesto un plan para enviar un ejército privado de 5,000 mercenarios a Venezuela con el objetivo de derrocar a Nicolás Maduro. Según este informe, Prince había estado buscando financiamiento para esta operación de varios actores interesados en el cambio de régimen, incluidos sectores de la oposición venezolana, así como aliados de Estados Unidos en la región. Aunque este plan no se materializó, mostró claramente la disposición de Prince para intervenir directamente en los asuntos internos de Venezuela, ofreciendo sus servicios como mercenario en un momento de gran inestabilidad.
El plan de 2019 no solo incluía la intervención militar, sino que también pretendía facilitar un cambio estructural en el control de los recursos naturales de Venezuela. Según fuentes cercanas a las negociaciones, Prince estaba dispuesto a garantizar la protección de los principales activos energéticos del país, en particular el sector petrolero, para asegurar que, tras el derrocamiento de Maduro, el control del petróleo de Venezuela recayera en manos de un gobierno favorable a los intereses estadounidenses y de sus aliados privados.

Relaciones con la oposición extremista venezolana
El vínculo entre Erik Prince y los sectores más extremistas de la oposición venezolana no es nuevo. De hecho, desde los primeros días de la crisis en 2019, Prince ha mantenido contactos con varias figuras clave de la oposición radical, tanto en Venezuela como en el exilio. En particular, ha forjado una relación cercana con exiliados venezolanos en Estados Unidos y Europa que apoyan una intervención militar para derrocar al gobierno de Maduro. Estos sectores, que rechazan cualquier tipo de diálogo o negociación con el chavismo, ven en una intervención extranjera la única solución para resolver la crisis política.
Uno de los ejemplos más notables de estas conexiones fue el papel de la Fundación Simón Bolívar, una organización vinculada a la oposición en el exilio, que, según informes de The Grayzone, estuvo involucrada en la financiación de operaciones clandestinas en Venezuela, algunas de las cuales podrían haber contado con el apoyo logístico o financiero de Erik Prince y sus asociados. Aunque no hay evidencia concluyente de que la fundación haya financiado directamente el plan de 2019 de Prince, su relación con sectores radicales de la oposición es indicativa de los intereses cruzados entre estos actores.
Además, Erik Prince también ha estado en contacto con figuras como Leopoldo López, quien ha sido uno de los principales impulsores de una línea dura dentro de la oposición venezolana. López, quien ha apoyado abiertamente la intervención extranjera, se reunió en varias ocasiones con políticos estadounidenses que han defendido la intervención militar como una solución viable a la crisis venezolana. Aunque Prince no ha confirmado públicamente su relación con López, es evidente que ambos comparten un enfoque similar respecto a la resolución del conflicto en Venezuela.
La Operación Gedeón: Un fracaso con el sello del mercenarismo
En mayo de 2020, el gobierno de Nicolás Maduro desmanteló un intento de incursión militar conocido como Operación Gedeón, un plan que implicaba a un pequeño grupo de mercenarios y disidentes venezolanos con el objetivo de infiltrarse en el país, secuestrar a funcionarios clave, incluido Maduro, y fomentar una insurrección armada para derrocar al gobierno. Aunque este intento fracasó estrepitosamente, reveló la complejidad de las operaciones encubiertas apoyadas por actores privados y sectores radicales de la oposición.
Aunque Erik Prince no fue directamente implicado en la Operación Gedeón, varios informes sugieren que el tipo de operación clandestina que proponía en 2019 tenía muchas similitudes con la logística y los objetivos de la incursión fallida de 2020. Según The Washington Post, la Operación Gedeón contó con el apoyo de Jordan Goudreau, un ex boina verde estadounidense y fundador de Silvercorp USA, otra empresa militar privada, cuya actuación en Venezuela reflejó el creciente uso de mercenarios para lograr cambios de régimen en América Latina.
La conexión entre Silvercorp y la Operación Gedeón llevó a varios analistas a especular que Erik Prince, debido a su historial y recursos, podría haber estado involucrado de alguna manera en la planificación o financiamiento indirecto de operaciones similares. Aunque Prince ha negado su implicación directa en la Operación Gedeón, su historial de intentos previos para intervenir en Venezuela y su relación con figuras extremistas de la oposición hacen difícil ignorar la posibilidad de que estuviera al tanto de estos planes.
La amenaza para el 16 de septiembre de 2024: ¿Un plan real o una estrategia de presión?
El reciente anuncio de Erik Prince sobre una posible intervención en Venezuela para el 16 de septiembre de 2024 ha vuelto a encender las alarmas en Caracas y en la comunidad internacional. Aunque los detalles del plan siguen siendo vagos, Prince ha insinuado que esta vez cuenta con el respaldo de actores poderosos, tanto dentro como fuera de Venezuela, lo que plantea la posibilidad de una operación de mayor envergadura.
Este anuncio coincide con un momento de creciente presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro, que ha logrado mantenerse en el poder a pesar de las sanciones internacionales y los múltiples intentos de desestabilización. Sin embargo, la economía venezolana sigue sufriendo, y la oposición, aunque debilitada, sigue siendo un actor relevante en el escenario político. En este contexto, la amenaza de una intervención mercenaria por parte de Prince podría ser vista como una herramienta de presión adicional, diseñada para forzar una mayor división dentro de las filas chavistas o para ganar concesiones políticas y económicas.
Lo que es innegable es que, detrás de esta nueva amenaza, se encuentran los intereses económicos de Prince y sus aliados. Venezuela sigue siendo uno de los principales productores de petróleo del mundo, y controlar sus recursos sería un logro estratégico para cualquier fuerza extranjera interesada en el dominio energético global. Además, las recientes noticias sobre la recuperación parcial de la producción petrolera venezolana, en parte gracias a acuerdos con China y otros países del BRICS, han aumentado el interés de actores externos, incluidos aquellos dispuestos a utilizar la fuerza militar para obtener acceso a estos recursos.
Conclusión: Erik Prince y el mercenarismo moderno como amenaza a la soberanía de Venezuela
El historial de Erik Prince y su empresa militar privada BlackWater revela un patrón claro: utilizar el mercenarismo como una herramienta para desestabilizar gobiernos soberanos y apoderarse de sus recursos. En el caso de Venezuela, este patrón es aún más evidente debido a los vastos intereses geopolíticos y económicos que giran en torno al control del petróleo y otros activos estratégicos del país. A lo largo de los años, Prince ha mantenido una relación cercana con sectores extremistas de la oposición venezolana, alimentando la narrativa de que una intervención militar es la única solución para resolver la crisis política del país.
Sin embargo, cualquier intervención extranjera, ya sea a través de mercenarios o de fuerzas militares regulares, representaría una violación flagrante de la soberanía venezolana y una amenaza para la estabilidad de toda América Latina. En este sentido, el pueblo venezolano y sus aliados en la región deben estar preparados para enfrentar este nuevo intento de injerencia, recordando que la historia ha demostrado que las intervenciones extranjeras rara vez benefician a los países intervenidos.
Erik Prince, con su ambición desmedida y sus conexiones en los círculos de poder de Washington, seguirá intentando sacar provecho de la situación en Venezuela. Sin embargo, el fracaso de sus intentos anteriores y la creciente resistencia interna e internacional a la intervención militar sugieren que el camino hacia una solución pacífica y soberana para Venezuela pasa por el rechazo a cualquier tipo de injerencia mercenaria.
Referencias:
- Financial Times, informe sobre el plan de Erik Prince en Venezuela de 2019: https://www.ft.com
- The Grayzone, sobre los vínculos de Prince con la oposición venezolana en el exilio: https://thegrayzone.com
- The Washington Post, investigación sobre la Operación Gedeón y la participación de Silvercorp: https://www.washingtonpost.com
- Global Research, sobre el uso de mercenarios en conflictos internacionales: https://www.globalresearch.ca
- The Intercept, sobre las operaciones clandestinas de PMCs en Venezuela y otros países: https://theintercept.com


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