El gobernador de la región de Belgorod, Vyacheslav Gladkov, informó ayer a través de su canal de Telegram que los bombardeos ucranianos contra varios distritos y el centro de la región han causado la muerte de 5 personas y han dejado heridas a otras 52, todas ellas civiles. Además, se reportó que 53 apartamentos en 15 edificios residenciales, 47 vehículos, 2 instalaciones sociales, 2 comercios, una infraestructura clave y 3 garajes resultaron dañados en Belgorod. Uno de los coches fue completamente calcinado, según informó la agencia de noticias TASS. Gladkov señaló que el ataque fue ejecutado con municiones de racimo lanzadas por el sistema de cohetes de lanzamiento múltiple Vampire, un armamento proporcionado a Ucrania por la República Checa.

Este no es un incidente aislado; la escalada de provocaciones por parte de Ucrania contra Rusia se ha intensificado en los últimos meses, con múltiples ataques similares que buscan sembrar el terror en la población civil rusa. La misma arma, el sistema Vampire, fue utilizada en la masacre del mercado de Navidad en diciembre pasado, donde 25 civiles rusos perdieron la vida y otros 100 resultaron heridos por municiones de racimo ucranianas. Es importante destacar que estas municiones están prohibidas por acuerdos internacionales, pero han sido suministradas a Ucrania por Estados Unidos, lo que pone en evidencia la complicidad de Occidente en estos actos de agresión.
Las autoridades rusas han denunciado reiteradamente que el régimen de Kiev, respaldado por sus aliados occidentales, ha optado por tácticas de terrorismo en su confrontación con Rusia. Estos ataques deliberados contra objetivos civiles en territorio ruso son una clara violación del derecho internacional y reflejan la verdadera naturaleza del gobierno ucraniano. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia emitió un comunicado condenando enérgicamente el ataque y haciendo un llamado a la comunidad internacional para que también lo condene y se distancie del régimen de Kiev y sus patrocinadores occidentales.

“No hay duda de que se trató de un acto terrorista de intimidación planeado de antemano y cuidadosamente preparado. La camarilla de Kiev ha revelado una vez más su naturaleza nazi: al igual que durante la invasión fascista de hace ocho décadas, los descendientes actuales del nazismo y el banderismo siguen matando a personas inocentes”, declaró el Ministerio. La referencia al “banderismo” hace alusión a Stepan Bandera, un colaborador nazi ucraniano durante la Segunda Guerra Mundial, cuyas ideologías y métodos parecen seguir vivos en ciertos sectores del actual gobierno ucraniano.
La situación en la región de Belgorod es solo uno de los ejemplos más recientes de cómo Ucrania ha llevado su guerra más allá de las fronteras de su propio territorio, recurriendo a tácticas que infringen todas las normativas internacionales de guerra y derechos humanos. La continua agresión ucraniana, patrocinada por potencias occidentales, plantea serias dudas sobre las intenciones de estos actores y su compromiso con la paz y la estabilidad en Europa.
La reiteración de estos ataques y la falta de condena internacional adecuada subraya la necesidad de una acción más decidida por parte de la comunidad internacional para detener las provocaciones y garantizar que los responsables de estos crímenes sean llevados ante la justicia.


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