La noche del 3 de febrero y la madrugada del 4 de febrero de 1992 son momentos que han quedado indeleblemente grabados en la historia de Venezuela. Estas horas vieron el surgimiento de Hugo Chávez como una figura que, a pesar del fracaso militar de su intentona golpista, logró capturar la imaginación y el apoyo de una gran parte del pueblo venezolano. Basándonos en el detallado relato de Alejandro López-González en su libro Historia Secreta de la Revolución Bolivariana: De las guerrillas comunistas al golpe de estado (1958-1992), es posible trazar un perfil de cómo Chávez se comportó durante estos eventos críticos y cómo este episodio marcó el comienzo de su camino hacia el poder.

La noche del 3 de febrero, Chávez salió hacia el Museo Militar, donde debía coordinar las operaciones. Sin embargo, su llegada fue considerablemente más tardía de lo planeado. El libro describe cómo Chávez, al llegar al Museo, justificó su retraso alegando que su convoy se había extraviado en las calles de Caracas, una excusa que, como narra López-González, dejó perplejos a varios de sus compañeros y subalternos, quienes no entendían cómo el comandante del golpe podría haberse perdido en la ciudad que debía conocer a la perfección.

Este retraso tuvo consecuencias inmediatas, ya que las unidades a cargo de la toma del Palacio de Miraflores, lideradas por los comandantes insurgentes, se encontraron sin la cobertura ni el apoyo esperados. Según López-González, “La tardanza de Chávez en llegar a su puesto de mando generó una cadena de eventos que finalmente condenaron al fracaso la operación” (López-González, 2023, p. 483). Esta observación es respaldada por varios testimonios recogidos en el libro, que reflejan la frustración y desorganización que comenzó a apoderarse de las fuerzas golpistas a medida que las horas avanzaban.

Reclusión y Evasión: Chávez en el Museo Militar

Una vez instalado en el Museo Militar, Chávez adoptó una actitud que, retrospectivamente, ha sido objeto de numerosas críticas. En lugar de dirigir activamente las operaciones y liderar a sus tropas desde el frente, decidió mantenerse en el interior del museo, desde donde observaba a través de binoculares los eventos que se desarrollaban en las cercanías de Miraflores. Esta conducta, como señala López-González, “contrastaba marcadamente con la actitud combativa que había mostrado en los preparativos del golpe, y reflejaba una falta de determinación en el momento más crítico” (López-González, 2023, p. 490).

Varios de los testimonios citados en el libro coinciden en describir a un Chávez dubitativo y reacio a salir del Museo para comandar personalmente las operaciones. Por ejemplo, uno de sus compañeros, el teniente coronel Francisco Arias Cárdenas, expresó su frustración al recordar cómo, mientras las fuerzas insurgentes se enfrentaban en las calles, Chávez permanecía “encerrado en el Museo Militar, sin tomar la iniciativa de liderar a sus hombres” (López-González, 2023, p. 491).

Este comportamiento levantó suspicacias entre sus propios seguidores. El libro describe cómo algunos de los oficiales que participaron en el golpe comenzaron a cuestionar la capacidad de Chávez para llevar a cabo la operación, sugiriendo que su falta de acción podía deberse a un profundo temor de enfrentarse directamente al peligro. De hecho, uno de los testimonios recogidos por López-González indica que “algunos de los hombres más cercanos a Chávez consideraron que su reticencia a salir del Museo fue un signo de cobardía, algo que en ese momento puso en riesgo toda la operación” (López-González, 2023, p. 493).

La Caída del Golpe y la Negociación

Con el paso de las horas, la situación para los insurgentes se fue deteriorando rápidamente. Las fuerzas leales a Carlos Andrés Pérez comenzaron a recuperar el control de la ciudad, y los combates alrededor de Miraflores se intensificaron. A medida que el panorama se tornaba más desesperado, Chávez optó por considerar la posibilidad de negociar.

López-González relata cómo, a las 02:55 de la madrugada, Chávez comenzó a discutir la opción de rendirse, a pesar de que aún no se había producido un combate directo en las inmediaciones del Museo Militar. Esta decisión fue recibida con sorpresa y desconcierto por parte de algunos de sus subalternos, quienes creían que aún era posible resistir y lograr al menos una victoria simbólica. Sin embargo, el miedo a una mayor violencia y la perspectiva de un fracaso total llevaron a Chávez a optar por la rendición.

El intento de negociación no tuvo el éxito esperado. Según narra el libro, Ochoa Antich, el Ministro de Defensa en ese momento, llegó a Miraflores con la intención de negociar una salida para los golpistas, pero Carlos Andrés Pérez rechazó cualquier tipo de trato, exigiendo una rendición incondicional. Esta negativa selló el destino del golpe, y Chávez, viendo que la situación se tornaba insostenible, decidió rendirse.

La Rendición y el Discurso del “Por Ahora”

A la mañana siguiente, Hugo Chávez decidió entregarse. Esta decisión fue anunciada por radio y televisión, y fue en ese momento cuando pronunció su famoso discurso del “Por ahora…”. Esta frase, que en un primer momento parecía señalar el fin de sus ambiciones políticas, se convirtió rápidamente en un emblema de su resistencia y determinación, y catapultó su figura a la palestra nacional.

López-González describe con detalle este momento crucial: “Con una voz serena, casi paternal, Chávez dirigió sus palabras al país, reconociendo el fracaso de la operación, pero dejando entrever que su lucha no había terminado. La frase ‘por ahora’ se convirtió en un mantra que resonaría en los oídos de millones de venezolanos” (López-González, 2023, p. 526). Esta intervención, más que cualquier acción militar, fue lo que verdaderamente consolidó la figura de Chávez como líder revolucionario y lo proyectó hacia el futuro político de Venezuela.

Consecuencias y Reflexiones Finales

El golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, aunque fallido, tuvo profundas consecuencias para Venezuela. A partir de ese momento, Hugo Chávez pasó de ser un desconocido en la política nacional a convertirse en el líder de un movimiento que cambiaría la historia del país. Los eventos de esa noche y madrugada demostraron la complejidad de su carácter: un líder capaz de organizar y conspirar, pero que mostró una notable falta de determinación en el campo de batalla.

López-González concluye su análisis subrayando cómo esta mezcla de audacia y cautela, de habilidad para movilizar a las masas y de reticencia a liderar en el terreno, sería una constante en la carrera de Chávez: “El 4 de febrero marcó el inicio de la carrera política de Hugo Chávez. A partir de ese momento, comenzó a tejer una narrativa de resistencia y esperanza que lo llevaría a la presidencia de Venezuela en 1998” (López-González, 2023, p. 540).

A pesar de los claros errores tácticos y estratégicos de esa noche, la capacidad de Chávez para convertir una derrota en una oportunidad lo distinguió de muchos otros líderes militares que han fracasado en sus intentos golpistas. Su discurso del “Por ahora” simbolizó una promesa de cambio que, en los años siguientes, cautivaría a una parte significativa del pueblo venezolano, cansado de la corrupción y el clientelismo que caracterizaban al sistema político de la época.

Referencias

López-González, Alejandro. Historia Secreta de la Revolución Bolivariana: De las guerrillas comunistas al golpe de estado (1958-1992). Elefante Books, 2023.

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