El pasado 20 de agosto, David Sanger, periodista del New York Times, reveló una decisión estratégica de enorme relevancia tomada por el Presidente Joe Biden en marzo de este año. Biden aprobó un plan nuclear altamente clasificado que representa un cambio fundamental en la doctrina de disuasión de Estados Unidos, ahora enfocado en contrarrestar la rápida expansión del arsenal nuclear de China. Este documento, conocido como Nuclear Employment Guidance (Orientación para el Empleo de Armas Nucleares), es tan confidencial que solo existen unas pocas copias impresas. Sin embargo, altos funcionarios de la administración Biden han hecho referencia a su contenido en varios discursos públicos, subrayando su trascendencia.
Vipin Narang, un destacado estratega nuclear del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que recientemente dejó su puesto en el Pentágono para regresar al mundo académico, aludió a esta nueva directriz en una de sus últimas intervenciones oficiales. Narang explicó que «el Presidente publicó recientemente una guía actualizada sobre el empleo de armas nucleares para tener en cuenta a los múltiples adversarios con armas nucleares». Esta actualización, destacó Narang, responde al «significativo aumento del tamaño y la diversidad» del arsenal nuclear chino.
Narang subrayó la importancia de esta revisión estratégica, afirmando que «es nuestra responsabilidad ver al mundo como es, no como esperamos o deseamos que sea». En su visión, el período posterior a la Guerra Fría podría ser visto en retrospectiva como un «intermedio nuclear», un tiempo de relativa calma que ahora se ve amenazado por la «posibilidad real de colaboración e incluso colusión entre nuestros adversarios con armas nucleares».
La importancia de este cambio en la política nuclear estadounidense también fue destacada por Pranay Vaddi, director principal de control de armamentos y no proliferación del Consejo de Seguridad Nacional. En junio, Vaddi mencionó que este documento es el primero en evaluar detalladamente la capacidad de Estados Unidos para responder a crisis nucleares que podrían estallar simultáneamente o en secuencia, utilizando una combinación de armas nucleares y no nucleares. Esta nueva estrategia, explicó Vaddi, enfatiza «la necesidad de disuadir simultáneamente a Rusia, la República Popular de China y Corea del Norte».
La reacción internacional no se hizo esperar. El 21 de agosto, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Mao Ning, expresó la profunda preocupación de su gobierno respecto a las revelaciones del New York Times. Mao señaló que, en los últimos años, Estados Unidos ha etiquetado a China como una «amenaza nuclear», utilizando este argumento como excusa para eludir sus obligaciones de desarme nuclear, expandir su propio arsenal y buscar un predominio estratégico absoluto.
Mao Ning fue clara al subrayar que «el tamaño del arsenal nuclear de China no está al mismo nivel que el de Estados Unidos». Afirmó que China mantiene una política de «no primer uso» de armas nucleares y que sus capacidades nucleares se limitan al mínimo necesario para garantizar su seguridad nacional. Según Mao, China no tiene intención de participar en una carrera armamentista.
En contraste, destacó Mao, «Estados Unidos cuenta con el arsenal nuclear más grande y avanzado del mundo» y se aferra a una política de disuasión nuclear de primer uso, mientras invierte considerablemente en la modernización de su tríada nuclear y desarrolla estrategias de disuasión nuclear dirigidas contra otras naciones. Para Mao, «Estados Unidos es la principal fuente de amenaza nuclear y de riesgos estratégicos en el mundo».
China, a través de su portavoz, instó a Estados Unidos a cumplir con su «obligación especial y primordial de desarme nuclear» y a llevar a cabo recortes drásticos y sustanciales en su arsenal. Además, pidió a Washington que detenga el reparto nuclear, la disuasión ampliada, la expansión de alianzas nucleares y otras medidas que, según Pekín, vulneran la paz y la estabilidad mundial y regional.
Este desarrollo en la política de disuasión nuclear de Estados Unidos marca un punto de inflexión en el equilibrio estratégico global. La reorientación hacia China como un adversario nuclear prioritario refleja las profundas transformaciones en las relaciones internacionales y en la percepción de amenazas que dominan la actual era multipolar. La respuesta de China, firme y decidida, subraya el peligroso juego de sombras en el que las potencias nucleares están inmersas, y plantea interrogantes sobre el futuro de la estabilidad global en un mundo donde las antiguas certezas parecen desmoronarse frente a nuevas y complejas realidades.

Deja un comentario