Los Elohim representan uno de los conceptos más intrigantes y, a la vez, controvertidos en el estudio del Antiguo Testamento. La palabra «Elohim» aparece repetidamente en las escrituras hebreas y, tradicionalmente, ha sido interpretada en el ámbito de la teología monoteísta como una referencia directa a «Dios». Sin embargo, un análisis profundo del término revela capas de significado que desafían esta interpretación simplista y sugieren una realidad mucho más compleja.
En primer lugar, debemos considerar la estructura gramatical de la palabra «Elohim». En hebreo, se trata de un sustantivo plural que, de acuerdo con la gramática, debería referirse a múltiples entidades. Esta característica ha llevado a numerosos estudiosos y expertos en lenguas antiguas, como Mauro Biglino, a cuestionar la interpretación tradicional de «Elohim» como una referencia singular a un dios único y omnipotente. Biglino, basándose en sus traducciones directas del hebreo antiguo, sostiene que el término «Elohim» se refiere, en realidad, a un grupo de seres superiores, entidades físicas y tangibles que desempeñaron un papel crucial en la creación y desarrollo de la humanidad.
Este enfoque rompe radicalmente con la visión tradicional de un monoteísmo estricto en las escrituras hebreas. Según Biglino, «la Biblia no habla de Dios, sino de un grupo de seres con poderes extraordinarios que interactuaron directamente con los humanos». Esta interpretación se deriva no solo de la pluralidad gramatical de «Elohim», sino también del análisis de numerosos pasajes bíblicos donde se describe a estos seres realizando acciones concretas y tangibles, más propias de seres físicos que de entidades espirituales abstractas.
Uno de los ejemplos más notorios se encuentra en el relato de la creación en el Génesis. El versículo “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26), es un claro indicio de la pluralidad de los Elohim. Este plural no es simplemente un caso de plural mayestático, como muchos teólogos han argumentado, sino una referencia directa a múltiples seres que participaron activamente en la creación del hombre. Biglino argumenta que este «hagamos» sugiere una deliberación y una acción colectiva, lo que se aleja de la noción de un dios único operando en soledad.
Además, la descripción física de los encuentros entre humanos y Elohim en la Biblia apoya la idea de que estos no eran meras entidades espirituales. Por ejemplo, en el relato de la visita de tres hombres a Abraham en Génesis 18, se narra cómo estos seres comieron, bebieron y conversaron con Abraham. Biglino señala que la capacidad de los Elohim para interactuar físicamente con los humanos, hasta el punto de compartir una comida, sugiere que eran seres corpóreos. «La Biblia describe a los Elohim no como entidades etéreas, sino como seres físicos que se comportan de manera similar a los humanos», explica Biglino, cuestionando la interpretación espiritualizada que se ha dado a estos textos durante siglos.
La implicación de que los Elohim eran seres físicos también lleva a Biglino a una hipótesis audaz y provocadora: estos seres podrían haber sido de origen extraterrestre. «Si dejamos de lado los preconceptos teológicos y analizamos el texto bíblico con la mente abierta, la descripción de los Elohim se asemeja más a la de visitantes de otro mundo, con tecnología avanzada y conocimientos superiores, que a la de un dios sobrenatural», argumenta Biglino. Esta interpretación, aunque controvertida, se apoya en una lectura literal de los textos y en la reinterpretación de conceptos que han sido filtrados por siglos de teología monoteísta.
La idea de que los Elohim eran seres de carne y hueso, posiblemente de origen extraterrestre, desafía no solo la teología tradicional, sino también la misma concepción de la historia antigua de la humanidad. Según Biglino, los Elohim no solo crearon al hombre, sino que también intervinieron directamente en su desarrollo cultural y tecnológico. «El conocimiento que los Elohim impartieron a los humanos fue la base para el desarrollo de las primeras civilizaciones», sostiene Biglino. Esta transferencia de conocimiento, vista en relatos como el de Enoc, quien fue «instruido» por los Elohim, sugiere que estos seres actuaron como mentores o guías para la humanidad.
El término «Elohim» también se utiliza en la Biblia para referirse a jueces, líderes y otras figuras de autoridad, lo que refuerza la interpretación de que este término no se refiere exclusivamente a una deidad suprema, sino a un grupo de seres poderosos y con autoridad. Por ejemplo, en Éxodo 22:28 se usa «Elohim» para referirse a los jueces humanos. Esta ambigüedad en el uso del término ha llevado a Biglino a concluir que «los Elohim eran líderes, gobernantes, con poder sobre diferentes grupos humanos, cada uno con su propio Elohim». Esta pluralidad indica un sistema de gobernanza más parecido al de una confederación de líderes que al de una única deidad omnipotente.
Otro aspecto crucial que Biglino destaca es la naturaleza tecnológica de los Elohim. En varios pasajes bíblicos, las acciones de los Elohim se describen utilizando términos que, según Biglino, podrían interpretarse como descripciones antiguas de tecnología avanzada. Por ejemplo, el «carro de fuego» que lleva al profeta Elías al cielo en 2 Reyes 2:11 ha sido interpretado por Biglino como una posible nave espacial. «Lo que la Biblia describe como fenómenos sobrenaturales podrían ser, en realidad, observaciones de tecnología avanzada por parte de personas que no tenían el lenguaje o el conocimiento para describir lo que estaban viendo», sugiere Biglino.
Esta interpretación no es solo una especulación sin fundamento. En su obra, Biglino cita textos antiguos que describen a los Elohim interactuando con los humanos de maneras que son extrañamente similares a las narrativas modernas sobre encuentros con seres extraterrestres. «Las descripciones de los Elohim en la Biblia y en otros textos antiguos son sorprendentemente coherentes con los relatos modernos de encuentros con ovnis y seres extraterrestres», afirma Biglino. Este paralelismo, según él, no puede ser simplemente descartado como una coincidencia.
Además, Biglino señala que la Biblia no es el único texto antiguo que menciona a los Elohim o seres similares. En la mitología sumeria, por ejemplo, se habla de los Anunnaki, que también eran vistos como deidades o seres superiores que interactuaron con la humanidad. Biglino sugiere que los Elohim y los Anunnaki podrían ser la misma entidad descrita bajo diferentes nombres en culturas distintas. «La existencia de seres superiores interactuando con la humanidad es un tema recurrente en las mitologías de muchas civilizaciones antiguas. Esto sugiere que los Elohim podrían haber sido reconocidos y descritos de manera similar por diferentes culturas alrededor del mundo», argumenta Biglino.
En resumen, la interpretación de Mauro Biglino sobre los Elohim desafía profundamente las nociones tradicionales de la teología judeocristiana. En lugar de ver a los Elohim como una manifestación de un único dios monoteísta, Biglino propone que estos seres eran múltiples, físicos, y posiblemente de origen extraterrestre, que jugaron un papel directo en la creación y desarrollo de la humanidad. Esta visión, aunque controvertida, se basa en una lectura literal y meticulosa de los textos bíblicos y ofrece una perspectiva radicalmente nueva sobre la historia antigua y el origen de las creencias religiosas.
Las implicaciones de esta interpretación son vastas y profundas. Si los Elohim eran seres físicos con tecnología avanzada, ¿qué dice esto sobre la naturaleza de la divinidad en el Antiguo Testamento? ¿Es posible que las religiones del mundo se basen en encuentros antiguos con seres de otros mundos? Estas preguntas, aunque provocativas, abren la puerta a una reevaluación completa de cómo entendemos no solo la Biblia, sino la historia de la humanidad en su conjunto.
En última instancia, el trabajo de Biglino invita a los lectores a cuestionar las narrativas aceptadas y a explorar la posibilidad de que la historia que nos han contado no es la historia completa. Como él mismo dice: «No se trata de creer o no creer, se trata de leer lo que realmente dice el texto, sin las lentes de la teología, y dejar que las palabras hablen por sí mismas». Este enfoque, radical en su simplicidad, ofrece una nueva luz sobre uno de los textos más antiguos y venerados de la humanidad, y nos desafía a reconsiderar lo que creemos saber sobre nuestro pasado.
Referencias bibliográficas:
- Biglino, Mauro. La Bibbia non parla di Dio. Uno studio rivoluzionario sull’Antico Testamento. Mondadori, 2016.
- Biglino, Mauro. Il Dio Alieno della Bibbia. Uno Editori, 2011.
- Biglino, Mauro. Il Libro che Cambierà per Sempre le Nostre Idee sulla Bibbia. Uno Editori, 2013.

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